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Acompañar en el cambio

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DEUSTO BUSINESS SCHOOL | 19/12/2019

María Iturriaga, profesora área de Gestión de Personas en Deusto Business School

¿Estamos siendo realmente líderes en el cambio?

Que el cambio es necesario en las organizaciones para sobrevivir, es claro. Cambios tecnológicos, cambios de reglas de juego, cambios organizacionales, en los procesos o en la cultura, los líderes diseñamos los cambios presumiendo que toda la organización se sumará. Sin embargo, la realidad es otra.

¿Qué es lo que hace que unas personas se sumen al cambio y otras no? ¿Qué papel estamos tomando los líderes en el cambio organizacional?

Cualquier persona que haya hecho un cambio personal en su vida será consciente de lo que supone enfrentarse a un cambio. Aun teniendo claro el motivo, cualquiera que este sea no resuelve de mejor manera el desgaste emocional que una transición supone.

Multitud de emociones surgen en el día a día, que advierten a nuestro cerebro de que desista. Todo esto ¿para qué? Miedo es una de las palabras que más acuden a la mente, pero también ansiedad, incertidumbre y sobre todo soledad. ¿Qué pasará?, ¿lo conseguiré?, ¿podré culminar el cambio?, ¿será como lo había previsto?, ¿me estaré equivocando? Inicialmente, el miedo es el indicador que se dispara para avisarnos de que hay un riesgo importante para nuestra supervivencia, y lo hay.

Una vez que comienzo la travesía del cambio me voy alejando de lo que conozco, de lo único que es realmente cierto, para caminar hacia lo desconocido, lo incierto. La emoción asociada a la pérdida, sea mi estatus, mis compañeros o incluso mi jefe, es la tristeza. Ella nos permite reconocer el valor de lo que dejamos, así como proyectar el futuro y evaluar ¿en qué ganaré?, ¿a costa de qué?  Nos ayudará a acostumbrarnos a vivir sin lo que teníamos y a la vez a ansiar lo nuevo.

A medida que lo nuevo se va haciendo realidad, va surgiendo la alegría. Comienzo a ver el final del camino. La alegría refuerza mi motivación, me da el impulso necesario para acabar el viaje y tomar las últimas decisiones, realizar retoques para afianzarnos en la nueva realidad y gratificarnos por el esfuerzo.

Mientras este viaje culmina, las personas directivas permanecemos expectantes en el cambio. Medidoras de los avances y los éxitos recompensamos a quienes transitan con éxito y reprendemos a quienes no, preguntándonos ¿qué sucede? ¿Es que no lo entienden?

El papel del líder en el cambio es acompañar. Acompañar a cada persona en ese viaje emocional. Conseguir que cada persona culmine este viaje por sí misma. ¿Pero cómo?

Si ofrecemos tiempo y espacios para la escucha, entenderemos si existen o no motivaciones para el cambio. Podremos espejar a la persona en el cambio y saber si se mantiene en la negación. Incitándole a fijar la visión de sí misma al final del cambio, será capaz de encontrar la motivación necesaria para llevarlo a cabo.

Averiguaremos también desde la escucha el momento en el que está.  ¿Cuál es ahora su emoción? ¿Cómo puedo acompañarle?

 La mejor manera de desbloquear la emoción es hablando de ella. ¿De qué tienes miedo? ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Qué necesitas? ¿Cómo puedo ayudarte? Ofrecer nuestra comprensión y apoyo, empatizando con nuestras propias experiencias vividas o trayendo a la conversación otras semejantes de las que anteriormente salió triunfadora.

Acompañemos también en la tristeza, en el duelo, reconociendo y valorando su pérdida. No la infravaloremos, pero animemos a encontrar el reemplazo.  Ofrezcamos comprensión, apoyo, firmeza y optimismo. Pero sobre todo confianza en que la persona lo puede hacer.  Ello reforzará su autoconfianza y su resiliencia tan necesarias para completar el cambio.

Y al final la alegría, pero aún no bajemos la guardia. Acompañar en la alegría ayuda a fijar las expectativas, a ajustarlas a la realidad de la nueva situación, algo necesario para que el cambio permanezca. Reconfortar, reconocer el éxito y animar a completarlo.

Celebrar los logros implica pararse un momento y mirar hacia atrás con la satisfacción del camino recorrido. Realizar una actividad extraordinaria, una pequeña recompensa que estabilice y afiance la conducta adoptada. Celebrar nos obliga a cerrar etapas y cerrar etapas es necesario para continuar abriendo otras nuevas en el futuro, lo que sin duda ayudará para el siguiente cambio que seguro llegará.